Uganda Natumayini, the big choir.

 

The roots of the different ensembles we have. It is formed by all the kids in the home. Their performances are explosions of joy, pure vitality, love and fun. The big group has travelled many times to Spain. Those trips have been very beneficial to them. On the one hand, it helps them mature a lot. The love, the acclaim, the cheer that they find in those performances, the experience they get to go to a professional level in the music world, the friendships they get, bring them so much joy and confidence that it helps them come out of their shell.

Natumayini has performed on many very prestigious stages, in big halls, open air, small halls, churches, wherever, and they adapt themselves to any situation and those performances are essential to finance the whole project.

 

 

 

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Críticas

Gracias por los días en Cartagena, por dejaros ser instrumentos en las manos de Dios, para recrear este mundo nuestro. Gracias por vuestra seriedad en el trabajo y vuestra pura sonrisa en la cercanía. Gracias por hacer posible que, en vuestros espectáculos, rozara la belleza. Conseguís que vibren las cuerdas más profundas del ser humano acariciando la fe, la ternura, la solidaridad y el sentido de la vida. Sois grandes, muy grandes. ¡Mucho ánimo! ¡A crecer, a mejorar, a avanzar…. A seguir haciendo posible que la música salve vidas! Desde el corazón, en lo profundo, un fuerte abrazo .

 

P. Joaquin Ferrando. Dic. 2014

Padre, Parroquia San Diego, Cartagena.

Esperanza para África… y para el mundo LAS PALABRAS Y LA VIDA

Cuando la mayor parte de las noticias que nos llegan de países africanos son desoladoras, como las atrocidades cometidas por el grupo terrorista Boko Haram, las muertes causadas por el Ébola o los enfrentamientos tribales, y los estragos del hambre y de la pobreza, conforta asistir al espectáculo que el sábado pasado presenciamos en el auditorio Gonzalo Menéndez Pidal de El Espinar. La actuación del grupo Uganda Natumayini, que traducido al español sería “Esperanza de Uganda”, nos deleitó con sus cánticos y sus danzas, su prodigioso alarde de ritmo, de fuerza musical, de colorido y emoción. Pero es que, además del entusiasmo que suscitan en el espectador los 16 cantantes y bailarines de Natumayini, congratula y anima saber que estos artistas provienen del orfanato que en las afueras de Kampala, capital de Uganda, sostiene desde hace diez años la ONG “Música para salvar vidas”, que recoge a niños abandonados por sus padres, les proporciona cuidado, cariño y educación, y cuando se hacen mayores les ayuda a encontrar trabajo o a crear su propio negocio. Las giras de Natumayini, como las del sexteto vocal Aba Taano y el quinteto de danza contemporánea Af Ndanza, que también han actuado con gran éxito en El Espinar, tienen como finalidad recaudar fondos para el mantenimiento de dicha organización humanitaria. Pero demuestran también la indudable categoría profesional de los integrantes de estos grupos, a los que la música y la danza les han permitido superar la falta de amor y atención de tantos años de su infancia, y abrirse camino en la vida. Las primeras canciones del programa de Natumayini, pausadas y melódicas, eran una invitación a la serenidad, casi iba a decir que a la oración, con tan solo un leve balanceo de los cantores. Pero el sosiego relajante fue poco a poco dando paso a una coreografía de enérgicas y vibrantes evoluciones, subrayadas por el batir de los tambores, y que representan escenas de la vida cotidiana, la caza, la lluvia, el festejo después de trabajar. La plantación de la patata es sugerida por el rápido vaivén del culo -no se me ocurre otra forma de expresarlo- de las chicas y el frotar de un pie en el suelo que evoca el movimiento realizado para introducir la semilla en la tierra. El ataque por sorpresa del cocodrilo a los durmientes es rechazado y coreada la victoria con el grito “Hemos vencido”. El difícil arte de la percusión de los tambores es en realidad un lenguaje que llama al trabajo, anuncia acontecimientos, muertes y también fiestas. La danza con largas pelucas amarillas de los chicos me recuerda el momento en el que, en la película “Las minas del rey Salomón”, del año 1950, el silencioso watusi Umbopa llega a su tierra natal para reclamar el trono que le pertenece. En efecto, como me explica Elisabeth Michot, alma de “Música para salvar vidas”, quien junto a otros profesionales y a los mismos actuantes interviene también en el perfeccionamiento de las coreografías, esa danza, originaria de Ruanda, se baila para rendir honores al rey. En los créditos del antiguo film de aventuras leo que se rodó en Uganda, entre otros países africanos. Contemplando el vigoroso poder del elenco de Natumayini, pienso que, al igual que la humanidad, según el parecer de los expertos, tuvo sus orígenes en África, el futuro del mundo está también en este continente de arrolladora vitalidad. Uganda Natumayini, Esperanza para Uganda, desde luego, pero si el ejemplo de la iniciativa “Música para salvar vidas” cunde, esperanza para toda África… y para todo el mundo.

 

 

Alberto Martín Baró

9 Feb 2015, El Adelantado, Segovia.

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